Unknown-1.jpegTEXTO ESCRITO POR FERNANDO FAUSZLEGER 

Andy K. me cae mal, como me caen mal casi todos los periodistas que ganaron fama por hacer los chistes más rápidos y oportunos mientras corrían con un micrófono a algún actor de Hollywood, o a un político o funcionario argentino en CQC. Encima hace un programa de radio de 4 horas con nada y ahora tambien un reality benéfico para que te ganes tu propia casa. No le creo la bondad y tampoco a los programas a beneficio.

Los reporteros apurados de CQC me caen mal porque detesto las notas rápidas que no aportan nada más que una respuesta divertida, un cachetazo o la calentura de la víctima. Me parece que exacerban esa cosa argentina del porteño piola que siempre zafa. Porque el piola en general me cae mal, y el piola porteño peor. Claro que yo me pasé de pajuerano muchas veces con tanto pueblo encima y mi mentalidad de pobre. En principio mi modelo de porteño estuvo en la tele, con el buscavidas que hacía Luis Brandoni en los 80. El actor hacía dupla con el chileno Patricio Contreras; con él personificaban a dos vendedores ambulantes que ofrecían sus productos por las calles de Buenos Aires: desde biromes a milagrosos quitamanchas para la ropa o pelapapas. Fue la primera serie de tv -salía por Canal 13- que yo vi protagonizada por laburantes callejeros; por eso el nombre: Buscavidas. Claro que también había un chanta que completaba el triángulo: era el proveedor de baratijas que hacía Roberto Carnaghi, que siempre cerraba su speach de venta de gangas a Brandoni y Contreras con un shhhh de índice derecho vibrante sobre sus labios y con sus ojos zigzagueantes clamando secreto absoluto. En la vida real mis referentes porteños no llegaban a la ingenuidad y el tezón de estos personajes de tv ochentosa, aunque sí tenían en común el esfuerzo y la bondad. Popi por ejemplo, compañera de mi vieja en la carrera de farmacia que vive en Caballito o mis tíos adoptivos, Liliana y Víctor, judíos de Villa Crespo que escalaban más alto gracias al negocio textil familiar. Todos ellos eran porteños y piolas en el buen sentido: piola bien.

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A mi me falta la picardía porteña. Mi psicólogo -Ariel Rantz, judío- me dice que tendría que ser más pícaro. Nunca usufructué mi apellido moishe para conseguir trabajo por ejemplo, porque como dice el dicho, los judíos se ayudan entre ellos; fijáte sino Kusnetzoff y su compañero en la Metro: Nicolás “Cayetano” Cajg. Y el Dr. Ocho seguro que era paisano, también. Hasta metió a sus propios padres, Andy, en Perros de la calle. Siguiendo la veta judaica, sí me gustaba el movilero que actuaba Gabriel Schultz en Arde troya: el Licenciado en Relaciones Humanas. En el programa que Matías Martin conducía en las medianoches de 2003 por América Tv, Schultz, que ahora está con Andy en Metro, era un hombre cualquiera malhumorado y mala onda que atacaba a las celebridades pero preguntaba cosas que sus colegas no. Había allí una construcción, una puesta para incomodar al famoso desde un lugar más actoral, más raro. Porque era malhumorado pero en el fondo, buena leche. Por eso casi todos los famosos le daban nota y también lo bardeaban en complicidad con el personaje.

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Supongo que esa bronca que les tengo a los movileros onda Caiga quien caiga se deberá en parte a que yo soy más serio, y me gusta el humor pero recién ahora lo estoy incorporando a mis notas y las veces que quise entrar en un medio grande no me fue bien. Y debe tener que ver con que ellos tenían bien claro que eso era su vida y yo me fui acostando en la comodidad incómoda del trabajo de prensa. Porque siempre fue más fácill representar a otros que sacar afuera mi yo periodístico y que sea lo que Dios quiera. Es así: Andy representa en un punto no lo que yo quiero ser sino la actitud que yo recién ahora estoy aplicando: la de poner el deseo por arriba de todo lo demás y que los melones se acomoden mientras el carro avanza. Tuve un fuerte impulso en 2001, cuando me instalé en Capital y me presenté a varios castings o concursos para trabajar en tv, pero era otro Fernando el que participaba, no era yo. Era el jefe de prensa y periodista, no el periodista que mataría por lograr una exclusiva con un músico o que consigue las notas más raras y más difíciles. Arrojando un manto de piedad puedo alegar cuestiones de suerte o la falta de un padrinazgo que siempre abre puertas. Hice lo que pude, me gané mi prestigio en estos 14 años de periodismo y ahora voy por más. Pero claro, cada vez que me cruzo con un cartel de vía pública de Andy y su nuevo reality para FOX lo odio un poquito, porque ese cuarentón, canoso y pseudo rockero me devuelve el CHatarra que no fue, no el Fernando que está siendo. Como también está Schultz en la publicidad me da un poquito menos de bronca, aunque después de cruzarme con el aviso luminoso de Las Heras y Pueyrredón hace un rato, antes de venir a lo de Morris, inmediatamente me dije: “no lo envidies, porque todo lo que mandás, te vuelve”. Y quiero desterrar completamente a ese Fernando criticón e invertir esa energía negativa en ganar espacio en los medios. Pero resulta que Juan quiero que odiemos y escribamos, que nos amiguemos con nuestro costado retorcido para escribir mejor. Se me va todo el zen a la mierda con esto. En fin.

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De Andy no soporto esa forma de hablar con la que se muestra inseguro, con un falso pudor, mientras hilvana frases de chico copado y rockero. Entiendo que ese modo de aire que tiene es su forma de conectar con los oyentes, su forma de ser mundano pero… ¿rockero? Si lo máximo en su pedestal musical es U2… ¡por favor! Encima en la publi de FOX sale con una remera de los Ramones y campera de cuero. Sí, ya sé que no importa cómo te vistas sino lo que hacés, pero con este flaco sí me importa. No me banco el estereotipo con él. Porque con ese mismo look podría salir Luis, mi productor radial, en una foto, pero a él le creo: usa remeras de discos que escuchó, le creo la visera, le creo los tatuajes: le compro el uniforme. Hubo un tiempo en el que Andy me cayó bien, después de leer la entrevista que le hicieron en la Rolling; lo entendí un poco, me pareció copado por unos meses. Y la verdad es que nunca me había hecho nada para que lo odie. En mis años de trabajo en EMI le llevaba discos a la Metro y estaba todo bien. Solía chivear o agradecer los cds que le daba y con eso estaba, para mí. El suyo no era mi estilo de radio, pero todo güey. También le tengo bronca porque es bueno entrevistando, claro que en el contexto de ese clima de amigotes con el que sostiene las 4 horas de programa, y yo ODIO los programas con amigos, porque me parecen muy obvios, o tal vez porque nunca hice uno y porque mis amigos ni siquiera escuchan mis programas. En fin. Hace buenas notas Andy, sabe llevar al entrevistado para el lado que quiere, aunque sea por insistencia. Y no es fácil hacerlo. Otro poroto para el odio.

Creo que su pico de popularidad conmigo fue a fines de 2012, cuando sus productoras me dieron el ok para que llevar a Sol Mihanovich al piso y que toque un par de covers con la guitarra y promocione su disco.Esa posibilidad surgió después de que ella saliera al aire por teléfono los días previos a un show, gracias a la gestión de su “abuelo”: César Masetti, quien llamó a un amigo en común con Kusnetzoff para pedirle el favor. En esa nota Andy también llamó a la abuela de mi clienta: Mónica Cahen D’ Anvers y terminó hablando más con ella que con su nieta música. La dejé pasar porque después iríamos a la radio el 21 de diciembre. Pero unos días antes de ese viernes Florencia, su productora Jr. y actual novia me pidió correr la visita de Sol para la semana siguiente porque el 21-12-12 harían algo especial por la supuesta llegada del fin del mundo. No pasó nada, claro, la Tierra siguió girando y los humanos respirando porque las profecías y el Hollywood apocalíptico no tenían razón. Interpretaron mal a los Mayas: el calendario terminaba ahí porque se les terminó el papel, o la piedra mejor dicho. No pudimos hacer la entrevista el día que nos proponía la producción de Perros… porque Sol se tomaba vacaciones desde el 25, tras un año intenso de grabación, shows, la edición del cd y sus clases de música; me dijeron que hablemos en febrero para reflotarla. Pasó febrero, pasó marzo y en mayo la junior ya no contestaba mis educados recordatorios por mail, google chat o mensaje de texto, hasta que un viernes al mediodía puse la Metro para ver que había y la escuché a Daniela Herrero en la sección que nos habían prometido para Sol… y no lo pude soportar. Comencé a levantar temperatura, mi costado Bianchini se impuso al Fauszleger y me saltó la tanada. ¿Por qué esta mina de nuevo y no Sol? ¡¿Por qué no puede ir mi artista la reputaquelosparió?! Estoy cansado de tanto lugar común y de remar contra la corriente y de que me den vueltas y vueltas en vez de un sí o un no y a otra cosa. Le escribí un mail a Jimena, la productora de Andy que me conoce desde hace más de 10 años y le dije de un modo que creí ubicado que no quería seguir dando vueltas para concretar la nota con Sol, ni seguir hablando con la junior pudiendo arreglarlo con ella y que no quería llamar al abuelo de Sol para que el mueva sus influencias y logre la nota que nosotros podíamos concretar; y que gracias y te mando un beso. Estaba por escribir en mi facebook que ya terminaba la semana y me parecía raro que no había mandado a cagar a nadie. Venía de echarle flit a una peliroja jefa de prensa que pretendía que le saque fotos gratis y a una tucumana hermosa que también era candidata a mis retratos en blanco y negro, que se hizo la dificil y me suspendió a último momento. Le mandé un mensaje de texto a Jimena para que por favor leyera mi mail, y al toque recibí su respuesta.

– Sí, lo leí y me pareció un poco desubicado.

– No es nada personal, Jime- respondí.

– No tenemos espacio para Sol en el programa. Si querés llamálo a César. Andy ya leyó el mail.

¡Ah, bueh! Que no tienen espacio para Sol y que Andy ya leyó el mail. Mirá cómo tiemblo. Me tomé unos cuantos minutos para contestarle, para ser bien claro y dejar sentada mi posición. “Todo bien con vos, Jime”, escribí. “No lo voy a llamar a César y ya no hay espacio para Andy en mi vida”. Magistral. Qué linda forma de mandar a cagar a un tarado así. Me sentí muy bien hasta que pensé en las consecuencias. Pero bueno: yo defendí a mi artista y conmigo no se metan. Días después le conté a Sol lo que pasó y me recordó que ella había trabajado como asistente de Kusnetzoff en Escalera a la fama, un programa de Canal 13 de esos en los que concursan jovenes que quieren cumplir el sueño de dedicarse a la música y estuvimos de acuerdo en que a Andy no le costaba nada darnos la nota. Un boludo.

Ya pasó un año y medio de esto y no trabajo más en prensa. Supongo que situaciones como ésta ayudaron a que deje la profesión y me enfoque más en ser periodista. Son las 5 de la tarde de un lunes de primavera y estoy en un café a la vuelta de casa para pasar a la netbook este texto de mi odio a Andy que escribí a mano. Me senté en la punta de una mesa larga de madera mirando a la barra, y pedí un té con media lunas de manteca. Casi todo es marrón claro en el lugar, excepto las patas y las bases de las mesas que son blancas. Hace más de una hora que escribo en esta vieja Acer que sólo se banca un par de ventanas abiertas. Googleo Kusnetzoff para escribir correctamente el apellido y la compu me devuelve una foto de Andy en la que me veo muy parecido. Veo su cara con forma de púa de guitarra, ojitos claros, canoso…y empiezo a detestarlo un poco más;  yo quiero ocupar su lugar en esa entrada de Wikipedia y en los carteles luminosos de su reality en FOX. Tengo que hacer algo con esto. Aprovecharme del parecido físico, no sé. Pegarle en público con cámaras prendidas no da. Mi lado zen se mudaría hasta dentro de 30 vidas y esa no es mi onda. Aunque dejar volar la imaginación puede tener efectos terapéuticos.

 

Es domingo y estamos en vivo en un estudio de tv. Lo veo a Andy sangrando por la nariz y secando la brillante rojez con su remera de los Ramones. Tropieza mientras amaga con defenderse. Todos en el piso del canal se rien: los que no lo conocen y los que alguna vez trabajaron con él y los forreó, o vieron como forreaba a algún compañero o compañera. Cuando se abandona y deja caer su odioso cuerpo al suelo, vencido, rendido frente a todo el odio que él mismo generó y que hoy se le dio vuelta le tiro agua en la cabeza. “Es para enjuagarte la cara, Andrés, te va a hacer bien”, le aclaro, y vacío el resto de la jarra sobre su remera azul pseudo punk y su campera de cuero diciendo: “No tenés idea de qué era Riff y seguro que conociste a Pappo mirando Carola Cassini. No te da el rock para usar campera de cuero.”. En la “a” de Pappo un inmenso aplauso inundó el estudio de Artear y el bullicio se hizo incontrolable al ritmo del “Y dale Pappo, dale dale Pappo” más fervoroso que escuché en mi vida. La cámara que toma su cuerpo maltrecho ahora arrolidado, se funde de a poco con las imágenes que muestran a los técnicos, al personal de maestranza, productores, productoras y maquilladoras aplaudiendo. Los reidores de los programas de humor se acercan para vapulear a mi invitado. La pantalla de leds gigante de Diagonal Norte y 9 de julio transmite en vivo su derrota para los miles de pasajeros que transitan la zona del obelisco en autos, bicicletas, transportes públicos y a pie. El rating alcanza records inimaginables mientras pasamos cientos de testimonios de oyentes, empleados de sellos y jefas de prensa que cuentan como Andrés Kustnezoff los forreó al menos una vez, por la radio o en persona. Actrices de Hollywood y actores argentinos memoriosos, patovicas y personal de seguridad de estrellas y funcionarios del menemato y el delarruismo se relamen con esta oportunidad de venganza televisada que les damos y saludan sonriendo mientras cuentan sus 5 minutos de atosigamiento a cargo de Andy de CQC. Con el cierre del programa llega el golpe definitivo. Tras 5 segundos de señal de ajuste con sonido agudo incluido, Mario Pergolini se toma unos minutos para desmenuzar la personalidad esquiva, pedante y rastrera de su ex empleado. La música del final le daría envidia a Tarantino por su efectividad y dramatismo: suena U2, la banda preferida de Andy con el tema “Domingo sangriento domingo”.

No volví a cruzarme con Andy en todo este tiempo y varias veces pensé en qué le diría si lo viera. “Sos un boludo” no sería nada original, se lo deben decir bastante. Bueno, ya sé que de boludo no tiene ni la punta. Él sigue con su programa en la Metro, con el de FOX y yo estoy escribiendo sobre por qué lo odio para el taller de escritura.

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49 Comment on “‘ANDY KUSNETZOFF ME CAE PARA EL ORTO’

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