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Uno de los personajes más paradigmáticos de nuestra época es, sin lugar a dudas, Nazarena Vélez de quien nada se ha hablando en este blog hasta ahora. Desde sus comienzos como gatita de Sofovich hasta la (como la calificaron los medios) ‘emotiva’ carta enviada a su hija Barbie en el marco de sus (supuestas) palizas con y, de parte de, su ex, Federico Bal, (que, obviamente, ocupan a todos los medios y los programas de chismes de la tarde), Nazarena Vélez ha venido funcionando o bien como un Caballo de Troya de la corrección política en versión kitsch o bien como una pistola puesta en las manos de un adicto cuyo dealer no contesta el teléfono.

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En cualquier caso, la gente que se acerca a las Vélez termina coqueteando con la muerte. Desde ya, hablar de asesinatos es un tanto exagerado ya que, al menos, el suicidio de su ex marido ocurrió en el marco del consentimiento entre adultos que, en tanto tal, replica, de manera interesante, el final de su propia hermana, también suicidada. El material en el que Nazarena Vélez (y su hija, Barbie) parecen esculpir su destino y el de los que se le acercan es, por un lado, el de la ambición personal llevada a límites insospechados y por el otro, el de la necesidad de verse reflejadas en ese espejo de Narciso que es la opinión publica, fogoneada através de los programas chimenteros de bajo costo en los que personajes como Yanina La Torre o Nancy Pazos pierden tiempo vital hablando de los otros  en loop y sin mensaje claro.

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Decir que lo que les interesa a los espectadores de esos programas es el morbo crea más preguntas que respuestas porque, en realidad, lo que ocurre, en este caso, es que se ha venido produciendo un juego de espejos en el que las Vélez son como Yanina Latorre y tantos otros, adictos a un tipo de fama que solo puede ser fogoneada mediante la generación de titulares cortos que puedan ser retweeteados o sirvan para que los portales de chismes sumen clicks. Es como si Nazarena Velez manipulara, quizá sin saberlo, ‘el drama de su vida’  (al punto de incluir el suicidio de los otros y la publicidad de su propio luto como elemento constitutivo de ese drama) para construir una escena que genera las condiciones de la satisfacción de su propia adicción (a la fama). Esto ocurre en el contexto de la adiccion generalizada de la farándula argentina -Cande Minelli, Connie Ansaldo, etc-  (en la que también se incluyen periodistas como Gaby Levinas, Nancy Pazos, etc) al retwittea en Twitter, un medio por definición limitativo que informa, solo desinformando. Esto obliga a estas personas a crear contenidos con los eventos de sus propias vidas al tiempo que están 24/7 pendientes de sus cuentas de Twitter vía I-Phone. Asi, la vida se transforma en una excusa para twittear lo que termina en una suerte de distanciamiento de los sentimientos para solo desconectarse (ser un hijo de puta chusma) o conectarse demasiado al punto de acabar cantando lo que en este blog quiero denominar  ‘la balada de la co-dependencia’ que, ahora tiene por protagonistas a Barbie Velez y Fede Bal.

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En el mundo y en la Argentina de hoy, la fama se ha convertido en un fín en sí mismo y esto convierte a personajes como Nazarena Velez y sus circunstancias en un llamado de atención que nos hace volver a la pregunta del millón que es: ‘Por qué hacemos lo que hacemos? ‘ Dicho de otro modo, estamos viviendo en una sociedad con niveles culturales y educativos cada vez mas bajos en los que la adiccion al dinero y a la fama han desplazado la necesidad de preocuparnos por el orgullo por lo que se hace. Sin ir más lejos, la estrella excluyente de la ultima Feria del Libro fue  Germán Garmendia, el Youtuber chileno que estuvo en Buenos Aires para promocionar su libro en medio de un operativo no visto desde las visitas de Michael Jackson o Madonna. Lo que Garmendia y Velez tienen en común es la adiccion a la velocidad y a resumir los avatares de la vida en oraciones (o titulares) cortos y vertiginosos. En medio de esto, la idea de ‘totalidad’ ha sido desplazada por una adiccion social al ‘titular’ o al ‘gritito’. Sáquenle el editing en Youtube a Garmendia y veremos qué queda…

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Esto nos devuelve a la cuestión de Nazarena Velez quien parece querer reemplazar en nuestro horizonte cultural a las telenovelas y a las series televisiva a base de alianzas y contra-alianzas que convirtien los fragmentarios momentos de cirujías e insultos en suicidios y ataques piromaníacos que reducen el costo de los programas de chisme pero aumentan los costos personales (al punto de costar vidas) de todos los que se le acercan.

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El alto grado de exposición actual de Nazarena Velez en la pelea mediática entre su hija Barbie y Federico Bal la hace, en retrospección, prácticamente responsable de la muerte de su ex marido en el marco de un tipo de relación que podría caracterizarse como la balada de la co-dependencia en la que dos tipos de adicciones ocurren. La primera es la adicción a la sinergia entre la fama y el dinero. La otra es la adicción a la tristeza como mecanismo narcisista que habilita la otra adicción, es decir, la adicción a la fama y el dinero. Esto es un circulo vicioso que puede facilmente terminar en la muerte y casi seguro terminará si se agregan a la combinación de psicofarmacos, botox y alcohol.

Así, Nazarena Velez y su hija acusan como cyborgs de un medio chimentero de bajo costo que ha hecho metástasis en los diarios nacionales y en diferentes medios (de hecho estoy escribiendo sobre ellas). Es la adiccion a eso que como buen cyborg hacen sin siquiera saber porque lo hacen es compartida por todos nosotros que miramos sin saber por qué lo hacemos. No sorprende entonces que Barbie Velez llame a la Revista Caras desde la escena de la casa incendiada a su recientemente reconciliado amor para comunicarles que el amor se termino y que a cambio de la primicia, del sinsentido de su vida, ella quiere estar en la tapa. Demás está decir que es esa misma tapa la que logro comunicando que estaba enamorada y se iba a casar. Es que su verdadera relacion es con el vértigo que genera el titular twittero que le permita acceder a esa tapa. Esa es su cocaina. Como buena adicta, Barbie necesita crear la condiciones de miserabilidad suya y ajenas para justificar bloquearlas mediante el consumo (de si misma reflejada en la revista). Esto nos lleva a la cuestion de la belleza moral ya que hay algo grotesco y realmente feo en alguien que expone sus moretones (supuestamente producto de violencia domestica) posando como sexy con la boca entreabierta sin darse cuenta de que esa contradicción (o exhibicionismo) es mucho mas violento que el mismísimo moretón. No extraña el que su fealdad moral ya sea tan patente de manera irreversible en el rostro de su madre Nazarena. J A T

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26 Comment on “NAZARENA VELEZ, LA YIYA MURANO DE LA GENERACIÓN TWITTER

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